Descubriendo Segovia en un día: la ciudad y su gastronomía.

“Segovia ilumina el cielo”.

En mi estancia en Madrid, mientras me formo en esto del marketing digital, me he propuesto conocer, además de la propia Madrid, las ciudades más cercanas. Coincidiendo con el puente de la Hispanidad y aprovechando la visita de mis padres, cogimos carretera y manta y nos fuimos a una de las 15 ciudades Patrimonio de la Humanidad que tenemos en España, Segovia.

En mi primera visita a Segovia, que no la última sin duda,  tenía la intención de probar el famoso cochinillo segoviano. No fui capaz, y pensaréis, ¿de qué pretende hablar en el blog, si no es capaz de probar algo tan típico y reconocido como el cochinillo cuando visita Segovia? Lo entiendo, pero no fui capaz de enfrentarme a un cuarto de cochinillo después de comer una tapa cada vez que pedíamos una bebida. La próxima vez lo conseguiré.

Comenzamos la visita entrando por una de las callejuellas que desembocan en la Plaza Artillería. El impresionante y majestuoso Acueducto romano aparece ante tus ojos entre las paredes de la estrecha calle. He de reconocer que me lo esperaba más pequeño. Me impresionó.

20151010_123020El Acueducto, símbolo indiscutible de la ciudad, fue construido para conducir hasta Segovia el agua de la Sierra. Existe una leyenda en la que cuentan que su construcción fue atribuida al diablo y que la pereza, y no Roma, es la madre del Acueducto.

Cuentan que una muchacha que trabajaba como aguadora, harta de arrastrar el cántaro por las empinadas calles de la ciudad, aceptó un trueque con el diablo: su alma a cambio de que el agua llegara hasta las puertas de la cuidad.

La mujer arrepentida rezó toda la noche para evitar la pérdida de su alma. Cuando el diablo y sus ayudantes estaban a punto de colocar la última piedra, el primer rayo de sol les interrumpió la terminación del conducto. La joven confesó su culpa ante los segovianos y éstos, tras rociar con agua bendita los arcos, aceptaron el nuevo símbolo de la ciudad. En el hueco en el que iba la última piedra que quedó sin colocar, es donde se encuentra ahora una talla de la Virgen de la Fuencisla.

A pesar de ser el símbolo de la ciudad, Segovia tiene mucho más que ofrecer. Las calles de piedras y sus fachadas de piedra llenas de grabados me alucinaron.

             20151010_123815Después del “tapeo”. segoviano en el Mesón de José María, un restaurante clásico donde nos pusieron una exquisita tortilla de escabeche con habas y espárragos verdes, acabamos en la Plaza Mayor, en el Restaurante La Concepción. Un restaurante en el que encontramos gente de allí, gente autóctona. Se sale de la comida típica castellana y se adentra en una cocina más moderna y creativa, sin dejar de lado el cochinillo, por supuesto. En el interior del restaurante,  comimos en una de las pequeñas mesas con vistas a la Plaza Mayor. No quería moverme de allí, parecía que estuviese en un salón hogareño, íntimo y acogedor. También tiene una amplia terraza en el exterior desde la que poder ver la catedral gótica de la ciudad. Allí comimos un queso manchego buenísimo y unos huevos escalfados sobre patata panadera horneada.Screenshot_2015-10-20-17-29-06-1-1

Después de la comilona nos dirigimos al Alcázar por la calle Marqués del Arco. Nos detuvimos en el Colegio Oficial de Arquitectos en el que han ubicado el Mercado del Marquesado con pequeños puestos de piezas artesanas, muebles y utensilios vintage, libros de segunda mano sobre arquitectura, prendas, productos naturales, tiendas gourmert, etc. Las próximas fechas para disfrutar de este particular mercado son los días 5·6·7 del mes de diciembre. Si vas por esas fechas, no dudes en darte un paseo por allí.

Llegamos al Alcázar de Segovia. Fortaleza de los Reyes de Castilla. Un palacio de cuento de hadas sobre la roca en la confluencia de dos ríos: el Eresma y el Clamores que fue primero fortaleza, luego Palacio Real, prisión de estado, Real Colegio de Artillería y Archivo Histórico Militar. Es uno de los monumentos más visitados en España, pronto batirá el récord de turistas de los últimos 20 años.

Volvimos por la judería segoviana hacia el centro de nuevo, en dirección a la pastelería Limón y Menta. Nos la recomendaron por sus pasteles y el Ponche Segoviano, un producto de gran tradición y ampliamente difundido en la capital segoviana. ¡Buenísimo!

                                                        

Terminamos nuestro día en Segovia volviendo por la calle Juan Bravo, una de las calles más céntricas y comerciales de la ciudad que desemboca en la preciosa Iglesia de San Martín.

Así terminé mi visita a Segovia. En un día te da tiempo a ver lo más conocido pero quizá no conocerla en profundidad. Sin duda, volveré.

Y tú, ¿has visitado Segovia?, ¿te atreves a contar tu experiencia en esta ciudad Patrimonio de la Humanidad?

 

 

 

 

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